domingo 6 de diciembre de 2009
martes 1 de diciembre de 2009
Lluvia

Tal vez en una noche pueda caer toda la lluvia esperada para una vida…y no hay dos gotas iguales.
El sonido
…Y escuchar borboteos que no suenan
…Y ver agua sorda reflejada en la memoria
Como lo hacen los ecos del final del milenio en un claustro abovedado de aguaceros y encendido por el musgo.
Como enmuedece el granito que conjuga las fórmulas vitrubianas de la firmitas, la utilitas y la venustas.
El sabor
…Como los labios desnudos del amante
…Como morder el cristal de una copa vacía
…Como el gusto de la vida sin encontrarte
Su olor
…En la piedra mojada del arbotante
…En el corazón de un bosque encantado en el que siempre vive la noche
…y huele a silencio
…y ahoga amanaceres que no quieren llegar
…Y no hay dos gotas iguales.
lunes 30 de noviembre de 2009
Conversando contigo
-No debieras tomar tanto café, te alimentas de café con leche y eso no es bueno. Cómete una manzanita, o… un chuletón de buey tú que puedes.
-…
-Si si, ya se que fumo demasiado y que a mi edad …, cualquier día de estos tendré un disgusto, pero a veces un cigarro es buena compañía.
-…
-Claro, lo entiendo, entiendo perfectamente que un humeante café con leche sea la mejor fuente de inspiración en una lánguida tarde de domingo, pero es que parece que no piensas más que en tomar café.
-…
-Ya ya, pero lo del tabaco es otra cosa, hasta el propio humo es más etéreo y la imaginación muchas veces vuela con él, adoptando formas imposibles.
-…
-Si, tienes razón: ambos matan y en cambio son absolutamente complementarios…, ambos vienen de otro continente, ambos representan “lo oscuro” y ambos en estado puro, son de sabor amargo, como la perra vida.
-…
-Cierto, un café, un cigarro, el lugar adecuado… y nunca nunca, más de dos personas. Casi no hace falta ni hablar, verdad?, sólo saborear.
-…
-Por supuesto que sé que te molesta, es más, si te das cuenta, intento que el humo no vaya hacia tí, pero parece que lo atraes.
-…
-Bueno, dejaré de fumar, cuando tú dejes el café, es decir, nunca, ó tal vez… el uno de enero?
-…
-Pues claro que sé que estoy hablando solo…, acaso conoces a alguna almohada que tome café?
domingo 29 de noviembre de 2009
"Bonito"
Tal vez, mejor dicho, seguro, no soy especial, así que, de lo que tenía pensado escribir en este post, sólo voy a mantener el título. Por qué?, pues porque a todos y cada uno de nosotros, alguna vez en la vida, nos ha ocurrido algo "bonito", y creo que para cada cual, ese "algo" es más bonito que el de los demás y eso... es un error. Además, hay pequeñas (o enormes) historias que deben quedar, única y exclusivamente, en el recuerdo de sus protagonistas.
Y una vez hecha esta apología del bonito del norte, sí quiero contaros un "acontecido" de hace unos años, el cual mantengo en mi memoria como si lo hubiese vivido ayer:
España es diferente, los vascos lo son, los catalanes lo son, los andaluces lo son y cómo no, los gallegos, bueno..., también lo son. Recuerdo que aquella noche llovía (como siempre) "a jarros" en el pueblecito de Allariz (no os lo recomiendo, sitio feo feo feo) y yo estaba cansado de chapotear literalmente, entre todos y cada uno de los charcos, más bien piscinas, que se formaban entre las juntas de los pedruscos que componen el pavimento de gran parte de la zona antigua.
Eran algo así como la una de la mañana, no había un alma por la calle, estaba todo cerrado y cuando ya pensaba en irme al catre..., oh sorpresa, Freddy Mercurio estaba entonando su maravilloso "quiero liberarme" desde un balcón sujeto por gruesos muros. Me encaminé hacia el lugar y en principio me dio mala espina. Por lo visto, nunca había estado antes, había un bar en la parte de arriba, un museo en la parte de abajo y, también en la parte de arriba, el Juzgado de Paz (que a su vez era el susodicho bar). Creo que el local en cuestión estaba dedicado a tres o cuatro actividades más que ya no recuerdo.
Como dirían ellos, "picome" la curiosidad, y subí. Vaya fauna: Nada más entrar al Juzgado-bar, una preciosidad rubia, sentada en una mesa, intentaba descifrar los números del registro de sanidad de un envoltorio de azucarillo, y en la barra, el que se supone que era el dueño, una camarera (descargando canciones del emule), y un parroquiano con pintas de buena gente (y también de alcohólico anónimo).
Para mi sorpresa, la barra estaba adornada con vino de Rioja, así que esa fue mi entradilla para que todos dejasen de mirarme como si fuese un espectro.
Pedí un mencía por aquello de hacer honores a su patrimonio vitivinícola y parece que la cosa gustó. Tanto debió gustar, que la rubia preciosa, se acercó a mí con ojos vivarachos y me dijo: A que no me invitas a uno?. Pues claro, contesté, no todos los días puede invitar uno a semejante preciosidad.
La conversación se animó entre los cinco que allí estábamos: primero el vino, luego la música en vinilo, el tabaco de liar, el orujo de café, mecano, dos andaluces que se perdieron por galicia y fueron a parar a aquel local..., lo lúdico festivo que quedaba tener un bar-juzgado en el pueblo..., tocamos todos los palos. Es más, a mí me dio por pedir una ranchera para dedicársela a la rubia preciosa, y así lo hice (pobre Vicente Fernández, lo masacré).
Fue como encontrarme con cinco colegas de toda la vida, bueno, mejor dicho, seis, porque el alcohólico anónimo, comentó, con buen criterio, que aquel, era un pueblo de fantasmas, porque en invierno no se veía nunca a nadie por la calle. A raíz del comentario, yo comencé a intuir la figura de Valle, con su manga impoluta y vacía, sentado en una de las mesas y mirándonos con displicencia. La verdad, creo que aquella noche le hubiese invitado a un café si me lo hubiese pedido.
Y entre cháchara, conversación, anécdotas y unas miradas de vértigo de la rubia maravillosa, terminó aquella noche impensable, e increíble, en el Juzgado-bar de un pueblo gallego.
Cómo amo a esa tierra.
domingo 22 de noviembre de 2009
Girls
Supongo que llega un momento en la vida en el que todo es pasado, y el dinamismo a determinada edad se limita al recuerdo. No os suelo contar intimidades (al menos de forma explícita) y evidentemente no lo voy a hacer ahora, así que digamos que esto no es sino un pequeño homenaje a mis amores de juventud.
Mi gusto por el género femenino comenzó con Esperancita, una niña de nueve años con unos preciosos ojos verdes rasgados. Yo era amigo de su hermano y su familia me quería mucho, tanto que me dejaban montar su yegua (me refiero a un animal de la especie equina y con cuatro patas), para ir al campo a coger espárragos. Aquello cuajó como cuajan los amores de infancia: el resto de los niños diciendo y escribiendo con tiza por las esquinas: Fulanito (que soy yo) x Esperancita. La "aventura" terminó en aquel mismo verano del... (uff) y en cuatro miradas de complicidad.
De ahí tengo un vacío en mi memoria hasta charito (1º de BUP) de la cual ya os he hablado en otro post. Si si, la que me abandonó por el tal Pedro.
Posteriormente la "agraciada" fue Mari Mar, una chica no demasiado guapa, pero muy muy simpática, que pasaba las horas muertas con un mendrugo como yo. Todo el mundo sabía que nos gustábamos y todo el mundo sabía que yo era más parado que un obrero de la construcción en tiempos de crisis, así que..., se las apañaron en cierta ocasión para darme un pequeño... empujón a ver si me decidía, a través de un ataque furibundo de celos. No dio resultado porque los celos funcionaron, pero digamos... que me retiré de la lucha, y la chavala, se cansó de esperar y se ligó a otro tío.
Mi siguiente presa fue una morenita cuyo nombre no recuerdo. De lo que sí sigo acordándome es de que su familia tenía una fábrica de mazapanes (como soy un tragaldabas, eso de tener una chica "dulce" a mi lado me ponía cantidad), pero..., ella tenía otros gustos y yo no era precisamente su modelo de chico ideal, así que, con mis sufrimientos juveniles, tuve que olvidarla.
La siguiente víctima, cuyo nombre tampoco recuerdo, era una morenita de intensos ojos azules, un poco más alta que yo y con un trasero que me volvía loco. Tenía ya la chavala su noviete, pero como andaba todo el día peleada con él, yo no dejaba de jugar mis bazas. Recuerdo que llevaba hasta una foto suya en la cartera, pero... nada, tampoco era su tipo. La ví años más tarde por la calle Laurel y la muy (...) me dijo, "vaya, fulanito, cómo te has desmejorado". La verdad, me fastidió el comentario, pero... el tiempo sigue trabajando, y hace relativamente poco me la encontré en la misma calle, con dos churumbeles, un montón de quilos encima y un marido con una pinta de borracho que para qué. No me vengué. Me limité a saludarla cortesmente.
Llegué a mis años universitarios y me colgué de una navarrica, cuyo nombre recuerdo, pero obvio porque la chica se ha metido en política y sale en los papeles. Estuvo bien la cosa, pero, un tal Angel se interpuso en nuestro camino y le tiraban más los rizos de aquel muchachote que tuve que ver en una foto que ella misma me enseñó (manda co...).
La siguiente fue otra compañera de facultad, cuyo nombre también obvio porque todavía sigo teniendo relación con ella. Sentimentalmente no le ha ido muy bien en la vida y con el paso de los años (ya que tampoco llegué a convencerla del todo), le dije: si es que tú y yo teníamos que haber terminado juntos... . Creo que en el fondo pensó que sí, pero en aquellas épocas molaba más otro tipo de "chico" y no ese atractivo salvaje y desconocido (sobre todo desconocido) que siempre me ha caracterizado.
Y aquí terminaron mis chicas de juventud. Lo de después es cosa mía.
viernes 20 de noviembre de 2009
Rico
Eran las ocho, tenía el tiempo justo de bajar a desayunar, leer un poco el periódico , hacer el check-out, sacar el coche del garaje, e ir al encuentro de mi cita.
El Astoria es un hotel urbano, pero con mucho, mucho entanto. Sólo tiene una pega: sacar el coche de ese parking es toda una aventura, ya que has de bajar al sótano cuatro provisto de la llave de la habitación, conseguir que el lector de tarjetas funcione y te franquee el paso a la puerta que da al ascensor, al propio ascensor, a la puerta que da al sótano, al sótano, a la primera planta, a la puerta que da a un pequeño patio y finalmente a la puerta que te deja libre. Por ello, preferí hacer las cosas con tiempo.
No había nadie desayunando ya que acababan de abrir el salón. Me tomó el número de habitación (907) una mujer (bastante guapa) de unos treinta años, vestida con blusa y falda de tubo, color "negro hotel" y una chapita dorada en el pecho que rezaba "Srta. Cristina S...".
-Tomará café?.
-Si, por favor, gracias.
Me hice una tostada con tomate, cogí un poco de jamón, un zumo, un vaso de agua y me senté a leer en mi mesa.
Al minuto la chica trajo una pequeña jarra de café humeante y otra de leche.
-Qué rico olésss, cómo se llama?
-Yo?
-No, vos no, el perfume, oléss rico.
-Uff, no me acuerdo, soy un desastre para estas cosas, pero ya me vendrá a la cabeza, no te preocupes que te lo digo.
(Cuatro años usando Allure y en un momento "crucial", vas y te olvidas del nombrecito, serás capullo....).
Dejé de pensar en la jodida colonia, porque como me ocurre otras veces, es cuando recuerdo todo aquello que olvido. Fue así. Cuando salió nuevamente de la cocina, me miró y le dije:
-Allure, de Channel.
-Pues oléss rico eh.
-Tú también hablás rico...
-Si?, te gusta...?. Hay gente que piensa que los argentinos somos capaces de aburrir a una piedra cuando hablamos.
Recordé que yo de los argentinos (no de su país) sólo se dos cosas: Que Maradona es Dios, y que, salvo los cuatro que juegan al fútbol, los cuatro que juegan al tenis, los doce que juegan al Pádel, y esta chica (aunque tuve mis dudas), son todos psicoterapeutas.
-Bueno, es una entonación... diferente. A nosotros nos engancha bastante.
Terminé mi desayuno y pagué en recepción. Ella ya no estaba por allí. Tomé el ascensor, entré en mi habitación, recogí las cuatro cosas que quedaban, comprobé que no me olvidaba nada (porque para eso también soy un desastre), abrí la puerta para salir y... :
-Y en vez de andar con tanta prisa... a vos no os apetece hacer algo rico?
jueves 19 de noviembre de 2009
Funcionari@s
Siempre procuro tener mínimas fricciones con ellos. Dejo pasar, dejo pasar y dejo pasar. Les bailo el agua y a la larga consigo más que quienes se empeñan en discutir. Tal vez mi método no parece empírico, pero lo es, ya que, toda mi familia, desde mi abuelo paterno, está integrada por el cuerpo funcionarial y digamos que conozco la especie como nadie.
Pero lo de hoy me ha superado. Una cosa es pedir con amabilidad que se dignen en cumplir con su cometido y atenderme, tener que contar una gracia para que lo hagan, esperar veinte o veinticinco minutos (perdiendo tu trabajo) para que ell@s organicen telefónicamente la vida diaria de su hogar..., pero que me hagan traer a un cliente, dejando su empresa y me lo quieran mandar por donde ha venido, por pura desidia y por no querer aprender a hacer las cosas bien..., lo siento, pero por ahí no paso. La he preparado gorda, y si estaría claro que tenía razón, que los dos superiores del funcionari@ en cuestión me la han dado, es más, han atendido ellos personalmente a mi cliente. Pero, y de ahí mi espinita clavada, no han tenido... empaque? suficiente como para darle un toque de atención a quien se lo merecía.
Sé que, si algún funcionario me lee, no va a compartir conmigo nada de lo que escribo, lo sé de sobra, y no pienso caer en aquella frase tan manida y que tanto les ofende de que "les pagamos con nuestros impuestos y por ello han de tratarnos con el mismo respeto con el que nosotros les tratamos a ellos". No, sólo se trata de que cada cual, funcionario, arquitecto, ingeniero, carpintero, albañil y armador (os suena la canción?) tiene que trabajar, sólo eso, hacer su trabajo, ni más ni menos. No pido más. No pido que hagan horas extras, ni que lleguen puntuales al trabajo, no pido que dejen de irse antes del horario, no pido que los "cafés" no sean de una hora, ni que las "ausencias" por catarro dejen de ocurrir más de lo normal sin que nadie les pida cuentas por ello. No pido que dejen de usar el teléfono de la administración para cosas particulares, ni que no se prueben la ropa adquirida, en el archivo de las correspondientes secciones, ni que no naveguen por internet mientras no miran el papel en el que me están poniendo el sello de entrada. No, sólo pido que trabajen. Acaso es mucho pedir?. Obviamente, como en todo, es malo generalizar, así que, me perdonen los que ya lo hacen (me refiero a trabajar).
(El caso es que en mi ya dilatada vida profesional, nunca encontré a uno que dijera que no lo hacía).
Por si algun@ espera la respuesta funcionarial a mi escrito, ya la adelanto yo: Pues mira "chaval", apruébate unas oposiciones como hemos hecho los demás y deja de estar amargado. Si tan secillo lo ves, apruébalas, venga, a ver si puedes... . Tú lo que tienes es envidia...
(Ahora viene cuando yo no contesto y sólo digo: En fin...)
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